/Autor: Raúl Yero Garcia/
No, no me señales en mi mudez.
Ayer, irreductible, rudo y locuaz.
No me consagré, tal vez por isanía, a conjugar un sagrado ideal, por la placidez de una existencia.
¡De veras que no lo intenté...!
No escalé, a ciegas, montañas escarpadas.
No me lancé a las aguas turbias y profundas para encontrar la gruta.
Parapeto y umbral del equilibrio y la sensatez.
Sólo empiné, una y otra vez, mi papalote.
Y con él, mis sueños de volar alto, muy alto para alcanzar la bandada de veloces aves que se teñían de nubes.
Pero no pudo ser.
Hoy pertenezco al aviario, a la quitud y el silencio.
Soy antifaz en un montículo de amnesia.
Mero asunto de geriatras y asistencistas, en mi páramo, desolado y estéril...

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