23 octubre 2026

"饾悇饾惀 饾悰饾惃饾悵饾悶饾悹饾惍饾悶饾惈饾惃 饾惒 饾惀饾悮 饾惄饾惍饾悶饾惈饾悳饾悮 "...

 



/Por:Ra煤l Yero Garc铆a/


Aquella nublada tarde de abril, sentado a las afueras  de su bodega, el nuevo empleado se mostraba intensamente meditativo en la prolongada y ag贸nica espera de su relevo, el custodio contratado hace unos pocos d铆as atr谩s. Consultaba insistentemente la hora, en su celular. Al parecer, tem铆a que se le hiciera m谩s complicado y tard铆o  el retorno a su hogar, distante a 9 Km de Baire, ubicado en una comunidad enclavada en la serran铆a  oriental,  tramo que tiene que recorrer, invariablemente, cada d铆a, en ida y vuelta. Impulsado por la incontenible atracci贸n  que siempre han provocado en m铆, los aut茅nticos rasgos de  sencillez y  nobleza humana que llevan consigo los seres que habitan esos entornos, provoqu茅 un di谩logo cuyas revelaciones, a decir verdad, resultaron ser escalofriantes para mi, tal vez por precibir los signos premonitorios del  agorero. S贸lo bast贸 una simple pregunta  de mi parte y aquel obstinado hombre, de recia voluntad,   dio comienzo a un minucioso relato que abarc贸, desde  los or铆genes de sus antepasados; en aquellos exuberantes y a帽orados paisajes, hasta la dura realidad de estos tiempos, que le impone nuevos retos y p茅rdidas irrecuperables… 

Aqu铆 les dejo la pavorosa  confesi贸n, que  aquel  malaventurado ser arranc贸 de sus entra帽as, quiz谩s pretendiendo desahogar sus penas:

-Yo soy nacido y criado en la zona conocida como «Rihito Chupadores». Mis padres son, tambi茅n, nativos de all铆. Ellos siempre se dedicaron a trabajar la tierra.

-Nosotros somos 6 hermanos, tres varones y tres hembras.

-Eramos pobres, pero no pas谩bamos hambre.

-Mi pap谩 era un hombre de trabajo, igual que mi mam谩. Los dos atend铆an la tierra. Dos caballer铆as ten铆amos. No era mucha tierra, pero daba comida todo el a帽o para la familia. Los varones mayores ten铆amos que ayudar tambi茅n.

-Recuerdo que en mi casa no faltaba la vianda, ni la carne, ni la leche, ni el huevo, etc,etc, etc….

-Tambi茅n se criaba puercos con palmiche, gallinas, patos, ovejos.

-Desayun谩bamos con huevo, viandas y caf茅 con leche, porque se manten铆an dos vacas en la finquita. Pastaban, sin ning煤n problemas, en un pedacito que ten铆a mi viejo para eso y para sostener tres bestias que eran nuestro transporte para ir al pueblo. Si sal铆amos en familia, utiliz谩bamos un carret贸n-coche. ¡Que buenos recuerdos!.

-Vino «esto» y enseguida nos becaron a los tres mayores. No volvimos a ver un surco nunca m谩s, aunque algunos de mis hermanos y yo volvimos para la finca. Pero nada fue igual.

Me gradu茅 de maestro primario.

-He pasado por muchos centros de trabajo. Hace poco comenc茅 aqu铆. ¡En mi vida hab铆a estado detr谩s de un mostrador!

-Ra煤l, tuve que dejar el otro trabajo, el de «la Campa帽a», porque tem铆a enfermarme. No s茅 si usted conoce de la situaci贸n que se present贸 con algunos compa帽eros m铆os que est谩n de certificado, porque la fumigaci贸n los ha enfermado y cog铆 miedo.

-No he mejorado mucho con el salario y el sistema de trabajo, pero al menos me quit茅 los riesgos que le dije. 

-Para poder cumplir, tuve que comprar esta bicicleta. Me la dejaron en $10 000.00. Algunos dicen que sal铆 bien para como est谩n las cosas.   Me da vueltas y vueltas en mi cabeza, que hace unos a帽os atr谩s con ese dinero me pod铆a comprar un carro, o una casa. ¡Esto es una locura!

-As铆 puedo llevar algo para all谩, porque «eso est谩 en candela». No hay vianda de ning煤n tipo. Y no se puede criar porque se lo roban todo. Los ladrones no han dejado ni vacas, ni bueyes ni bestias.

-Hace como dos meses y medio que, mi mujer y yo, pasamos «unaaaa», terrible, terrible….

-La puerca* que, con tanto sacrificio, ella y yo,  llevamos a un quintal y medio de peso, se solt贸. Y, s贸lo bastaron unos pocos minutos para que desapareciera aquel animal.

-Mi mujer estaba sola

-Cuando se percat贸 de que, s贸lo quedaba el clavo y la soga, sali贸 corriendo tan r谩pido como pudo a todas las casas del  vecindario, y nada. 

Cuando llegu茅, y me cont贸, sent铆 caer una muralla de piedras, sobre m铆. A la vez que, con la brevedad del rayo, multipliqu茅, mentalmente, como nunca antes y r谩pido supe que, hab铆a perdido una fortuna. Fue mi conclusi贸n y mi desvelo.

-Salimos de nuevo  a indagar y nada. Parec铆a, de verdad, tragada por la tierra.

-Tuvimos que esperar, al menos, dos largos meses para poder develar el   mortificador misterio de la  desaparici贸n de la «puerca».

-Nada, supimos de mucho secreto, a trav茅s de un «vecino-amigo»  que, la cabrona puerca – de muy buen olfato, por cierto, – hab铆a salido siguiendo el rastro provocado por la expansi贸n del olor  de un sancocho preparado para la maldad y «sacrificada», sagazmente,  en segundos, a unos escasos 20  metros de nuestra casa..   

Hasta ah铆, hab铆a escuchado, yo, atenta y pacientemente, todo lo relatado por mi   ecu谩nime y sufrido interlocutor, pero la incre铆ble confesi贸n que acababa de escuchar de aquel ser, adem谩s bonach贸n, sobre la principal  desdichada: «la puerca», desat贸, a raudales, mi incontrolable avidez y me lanc茅, sin m谩s ni m谩s, a un  bien intencionado interrogatorio, para mitigar mi sobredimensionada curiosidad:

 Y comenc茅 inquiriendo:

-Pero…, ¿C贸mo es posible que tu mujer no oyera ni el m谩s m铆nimo y escurridizo lamento del susodicho animal, estando siendo sacrificado tan cerca de ella, seg煤n te hab铆an dicho, de buena fe ?

A lo que me contest贸:

-Pues mire que, en efecto, as铆 fue el final de la puerca. Le voy a explicar el peculiar铆simo metodo utilizado por el principal matarife, que result贸 ser un vecino que visitaba asiduamente mi casa.

-El muy «hijo de puta», puso bien alto su equipo de m煤sica, con un reguet贸n bien agresivo y cuando entr贸 la que era nuestra puerca, le dio un solo estacazo. Dicen que el pobre animalito no dijo ni ¡Ay!.

Colmado a煤n de dudas, le segu铆 preguntando:

-Pero, ¿como se las arreglaron para descuartizarla?

A lo que respondi贸:

-Ahh, muy f谩cil. La montaron muerta en un carret贸n y nos la pasaron frente a nuestra casa. Y hasta nos saludaron los dos que en 茅l iban. Ni mat谩ndolos pagan.  A la puerca le aplicaron un espectacular camuflaje. Le echaron encima, por lo menos tres metros c煤bicos de hierba y como cinco sacos de carb贸n. 

-As铆 la trasladaron monta帽a arriba, sabr谩 Dios hasta d贸nde carajo… 

Si al menos nos hubieran invitado, a mi esposa y a m铆, otros  gallos hubieran cantado. 

As铆 de insospechada y camale贸nica, termin贸 siendo la actitud del infortunado y confeso sujeto…


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